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El miedo escénico

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El miedo escénico

Parece que ahora está más de moda hablar del miedo escénico, con eso de que hay artistas de nuestro panorama que han abandonado los escenarios por culpa de lo que conocemos como tal. Para poder adentrarnos en este tema, conozcamos el significado del término:

"Miedo Escénico o Pánico escénico, estado inhibitorio que reduce la efectividad comunicacional e impide el despliegue de las capacidades expresivas potenciales de los afectados.” Wikipedia https://es.wikipedia.org/wiki/Miedo_esc%C3%A9nico

Hasta hace poco, se conocía su existencia y los que nos dedicamos al espectáculo somos muy conscientes de que está ahí, para el resto del mundo, está la idea de que los grandes no lo sufren porque están más que acostumbrados a subir a los escenarios, pero nada más alejado de la realidad. Un artista que ya es conocido mundialmente se ve sometido a un estrés mayor y una mayor presión, pues son conscientes de que ya tienen un estatus, que en el mundo de los escenarios, puede cambiar de posición a una velocidad vertiginosa. ¿Te imaginas ir a un concierto de tu cantante favorito y que se olvide de la mitad de las letras de las canciones? Si ocurriera así, ¿irías a verlo en el siguiente concierto?

No voy a hablar sobre cómo se produce, ni las terapias que pueden ayudar a solucionarlo, más bien voy a hablar con mi experiencia personal, intentando dar algunos consejos propios que creo, que en la mayoría de los casos, podría minimizar, o incluso anular, sus efectos negativos.

Son muchos los años que llevo dedicándome a la música, estudiando, interpretando y dando clases. Creo que ya son 18 a nivel profesional, aunque previamente estuve 5 en plan diversión adolescente. En los primeros años tocaba por pasarlo bien, disfrutando de lo que hacía, y con la guitarra para todos lados. Recuerdo incluso que cuando cursaba COU, algunos problemas en mi entorno familiar me acercaron más a mi pasión (la guitarra) hasta el punto que hubo una ruptura importante en la forma de abarcar los estudios, gracias que sólo fue ese año. En esa época llevaba la guitarra al instituto todos los días, y recuerdo que en las horas de clase me escapaba para ir al patio a tocar la guitarra, tenía mi propio grupo de fans, y en las horas del recreo cuando todo se masificaba, subía a clase, y el número de cantantes y seguidores aumentaba, dado que la hora del descanso era propicia para que aumentara ese número.

Esta etapa fue la que me puso en la situación de decidir definitivamente qué camino tomaría en la vida, a pesar de que tenía grandes proyectos de futuro, me gustaba la medicina, la informática, pero la música era la número uno en mi lista, a pesar de ser medianamente consciente de los riesgos de esta profesión. Seguramente hoy día pensaría de manera diferente, pero todos debemos recorrer nuestro propio camino. Así que al curso siguiente empecé a estudiar Imagen y Sonido, a la vez que accedía al Conservatorio.

Los primeros años del Conservatorio estuvieron bien, dentro de lo que se suponía que debía ser, aunque algunos profesores sólo hablaban de los errores, de lo que estaba mal, de lo mal que sonaba una cosa y otras muchas cosas negativas. Uno sigue ajeno a si eso es normal o si realmente hay otras fórmulas. Reconozco que el proceso de enseñar a valorar y localizar los problemas a nivel musical, es algo esencial en el estudiante de música, es la forma de avanzar más rápido y ayudar a la independencia y madurez musical suficiente como para que el pájaro deje el nido. Pero hay cosas esenciales y que inyectan motivación, es fundamental que los profesores sepan dar una de cal y otra de arena, ya que si no hay refuerzos positivos, nadie sería capaz de soportarlo.

En los años posteriores empezábamos a ver cómo algunos compañeros abandonaban el escenario a mitad de interpretación, o a quienes, a pesar de tener “algún fallo” intentaban seguir adelante, algunos con más suerte que otros. Tanto estrés, tanto aprendizaje desde puntos negativos,... llegaba un momento en el que asistías a un concierto y más que disfrutar de la música, comenzabas a analizar si las posiciones, la técnica o las armonías estaban bien empleadas, llegando incluso a valorar lo bueno o lo malo de quien estaba en el escenario en base a eso. Menos mal que en mi evolución y maduración musical también he superado esa etapa.

Desde mi perspectiva, y en base a mi proceso de aprendizaje, cuanto más sabía, más me costaba subirme a un escenario, y aunque nunca hablé con un profesional que pudiera guiarme en la materia, yo mismo cogí las riendas y me enfrenté de cara a esa situación, ¿cómo iba a dejar que lo que más me gustaba en el mundo, fuera ahora mi peor enemigo? Llegaba incluso a temblar, y mientras tocaba sólo pensaba en qué estaría pensando el público, o qué dirían mis profesores si estuvieran ahí. Organicé un grupo, lo dirigí y conseguimos muchas cosas en 6 meses, pero en mis actuaciones estaba muy tenso, me costaba sonreír, y como buen guitarrista clásico, cuya pose a la hora de interpretar es estática, parecía un palo en medio del escenario a pesar de los ritmos modernos que pudiera estar tocando, y reconozco que no es nada fácil moverse en el escenario cuando estás concentrado en darle a la cuerda correcta.

A día de hoy he conseguido cambiar el chip, y en mi último concierto era el más dinámico de la banda, y me divertí como un enano (como se suele decir), no quiere decir que haya superado todos mis lastres, ni mucho menos, éstos pueden seguir ahí, y puede bastar que algo te desconcierte un poco, antes de subir a un escenario, para que vuelvan a aparecer, pero te daré unas pautas de cosecha propia para que intentes que te afecten lo menos posible, y si se da el caso, consigas erradicarlos.

Última modificación el Viernes, 30 Enero 2015 14:11

    2 comentarios

    • Pedro Ruperto Pedro Ruperto

      Hay una película maravillosa sobre este tema y es Candilejas de Charlot, se lo cura a lo antiguo y a lo inglés, dándole dos bofetadas, en el fondo no es mas que un ataque de histeria.
      Hoy se habla mucho de eso, la culpa la tienen tantas cámaras que lo ven todo, y presionan mas a los jugadores, músicos, etc.
      El último disco de M-Clan que es un directo, se le olvida la letra y le pide al público que se la recuerde, todo un ejemplo de profesionalidad y humildad.
      Yo como Profe también lo he tenido, cosas de la vida, como en Candilejas aceptar lo inevitable del paso del tiempo.

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      Lunes, 09 Febrero 2015 23:11 Dejar un comentario
    • Hugo Herrera González Hugo Herrera González

      El otro día leí un artículo donde el portero de Las Palmas decía que el no disfrutaba con el fútbol porque se están jugando mucho y tienen una gran responsabilidad y presión externa... cosa que no me creí. Supongo que quiso decir que viven momentos de tensión y angustia durante los partidos y que en ese momento evidentemente no estás disfrutando como cuando juegas una pachanga con los amiguetes. Extrapolando esto a la música supongo que tocar en un escenario implica una tensión y responsabilidad como cuando realizas cualquier trabajo profesional, por lo tanto, lo que uno debe hacer en esas situaciones es canalizar bien las emociones adversas y centrarse en mejorar para la próxima vez.
      Muy buenos consejos los del artículo... me recuerda a cuando entré en la universidad y miraba al compañero de al lado para ver como encendía el ordenador ("mi madre... donde me he metido" pensé). Ahora soy publicista y trabajo todos los días más de ocho horas delante del ordenador, hago webs, etc. Si algo he aprendido es que, salvo contadas excepciones, nadie tiene un talento innato para nada. Detrás de esas historias de "genios" siempre hay constancia y trabajo duro.
      Siempre digo que el talento se suple con esfuerzo y paciencia.

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      Jueves, 29 Enero 2015 19:32 Dejar un comentario

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